Capítulo 3 · 3 min de lectura
La última imagen
El mercancías pasaba ahora a las 23:27, explicó Ria, aunque podía adelantarse o retrasarse. La primera noche el móvil no había grabado. La segunda, la lluvia había estropeado la imagen. El jueves había recogido deprisa cuando llamó su hermana. La caja se quedó bajo la mesa.
—Las 23:14 de la foto —dijo Vera.
—El último tren de su último turno juntos. Después mi marido pasó al depósito. Bas se quedó aquí.
Sonrió un instante.
—Cuando le di las fotos, escribió eso detrás. Quería recordar aquel último tren.
En la pasarela, Ria fijó el móvil sobre la raya de tiza. Quería incluir la puerta de la caseta, el andén y la curva en el mismo plano. En una prueba de la semana anterior solo había grabado las vías. Bas había preguntado dónde estaba la rejilla del radiador en la que secaban los guantes en invierno.
—Eso está dentro —dijo Vera.
—Exactamente. Yo estoy grabando una línea de ferrocarril. Él quiere ver su lugar de trabajo.
Vera preguntó a Ivo si podían entrar en la caseta. Él revisó su manojo de llaves y les dijo que no tocaran nada. Dentro olía a polvo frío. Ria grabó la rejilla, el cuadrado más claro de la pared donde había colgado un calendario y un arañazo profundo en el alféizar.
Se detuvo un buen rato ante el arañazo.
—Fue Bas quien intentó meter un armario por aquí —dijo a la cámara—. No nuestro padre. Llevas treinta años contándolo mal.
Vieron juntas la grabación. Ria corrigió los subtítulos automáticos: armario, no armada. Después regresaron a la pasarela. Vera sostuvo la caja azul para que el cable no tirara del micrófono.
Cuando la locomotora apareció en la curva, Ria empezó a grabar. El estruendo rodó entre los muros de ladrillo. Sobre ellas vibró el cristal de la farola. Ria levantó un momento el móvil y volvió a enfocar los vagones. Vera comprendió por qué había elegido siempre el mismo sitio. Desde allí se veía temblar la luz y desaparecer el tren.
Después, Ria envió el vídeo junto con las imágenes subtituladas de la caseta. Se quedaron en el rellano inferior mientras el último vagón pasaba sobre el cambio de agujas.
Bas respondió con una foto de su mano, el pulgar hacia arriba. Luego llegó un mensaje: ¿La ventana izquierda sigue atascada?
Ria se echó a reír, con la voz ronca por el frío.
Sí, escribió. Vera lo ha intentado.
Era verdad. Vera aún tenía la marca roja en la palma. De vuelta en el café, atrasó el reloj seis minutos. Ria colgó la chaqueta en una silla y, esta vez, metió la bolsita de té en el vaso.
Fin

