Capítulo 2 · 2 min de lectura
Una marca en la barandilla
El viernes, Ivo fue a buscar café antes de empezar con su equipo de mantenimiento. Vera le preguntó por la placa.
—Ese tornillo falta desde junio —dijo él—. Lo he comunicado. Dos veces.
Levantó dos dedos con un trozo de bollo entre ellos.
—¿Por qué?
Vera le habló de la mujer y de la caja. Él no la conocía, pero había visto a alguien sujetar un teléfono a la barandilla. Supuso que la tiza marcaba la posición. En el metal se distinguían dos señales paralelas de goma.
Vera volvió a mirar la foto. Detrás de los hombres había un tablero de salidas. El tren de las 23:14 iba a la ciudad. La foto no tenía fecha, pero la máquina de tabaco junto a la caseta llevaba quince años desaparecida. Había confundido un horario antiguo con una cita.
A las diez y media colocó la caja en la barra. La mujer no llegó hasta las once y cuarto, sin aliento y sin impermeable. Llevaba una chaqueta de punto sobre una blusa con un puño desabrochado.
—Es mía —dijo, apoyando ambas manos en la tapa—. También me he dejado el abrigo. En casa de mi hermana. Se está convirtiendo en costumbre.
—Pone Bas.
—Mi hermano. Yo soy Ria.
Vera señaló las fotografías sin sacarlas.
—Buscaba un número de teléfono. Nada más.
—Entonces ha visto a los dos hombres. Bas a la izquierda. Mi marido a la derecha.
Ria tocó el micrófono.
—Esto es del hijo de mis vecinos. Dice que, si lo rompo, tengo que pagárselo. Tiene razón.
—¿Está grabando la pasarela?
—Lo intento.
Lo dijo con tanta sencillez que Vera se avergonzó del anticuario que había inventado. Ria explicó que Bas se recuperaba de una operación de cadera y ya no podía subir las escaleras. Había trabajado de noche en aquella estación durante años. Una enfermedad lo había dejado sordo. Hablaban por videollamada, con subtítulos cuando ella tenía las manos ocupadas.
—¿Para quién es el micrófono, entonces?
—Para mí. Yo también trabajé aquí.
Ria acercó la caja.
—Pero el vídeo tiene que enseñar algo más que los sonidos que yo quiero volver a oír.
Vera llenó dos vasos de agua. Fuera, Ivo golpeó con la palma una verja que no cerraba. El chasquido entró por la ventanilla abierta sobre la puerta.